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El vendedor está presentando su propuesta al cliente. No es cualquier cosa.  Se trata de una línea de producción automatizada y el presupuesto supera el millón de euros. En la segunda página del proyecto, mucho antes de llegar al presupuesto, el vendedor, sin haber expuesto ni el 5% del valor de la propuesta, hace una pausa y en un tono que quiere ser confabulatorio, y es, en realidad, patético dice: “Por supuesto, de las cifras, podemos hablar”. Es lo que llamamos hacer crack. Al vendedor le tiemblan las piernas y se pone el solito la soga al cuello, ante el asombro y el regodeo del comprador.

Es un caso real. Me lo contó un cliente hace unos días. Y es que casos así se producen continuamente. El vendedor, simplemente, no se cree que vaya a vender al precio que su organización le ha dicho. Y deja claro al comprador que está más que dispuesto a ser machacado.

Si vas a dar un precio no lo adornes, ni lo adjetives. El precio es una cifra. Dila como darías la hora. Sin adornos y sin bajar la mirada. 

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