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Stephen M.R. Covey (No Stephen R. Covey, autor de los siete hábitos…, su padre), en un libro llamado “La velocidad de la confianza” cita un ejemplo muy bueno.

Un tipo monta un puesto de bollos y café en N.Y y tiene mucho éxito. Pero como tiene tantos clientes y está solo las colas son enormes y los clientes se cansan, e incluso se van. El tipo se da cuenta de que pierde mucho tiempo contando las monedas del cambio, de modo que decide dejar un recipiente con monedas y billetes pequeños para que los clientes cojan ellos mismos su cambio. Pensó que perdería un poco por los “listillos de turno”, pero lo compensaría sobradamente con más cafés y bollos vendidos.

Lo que ocurrió es que al final del día no tenía menos dinero de lo que debía. Tenía más. Su muestra de confianza en la buena fe de sus clientes ( De casi todos) no sólo le valió ganar en servicio (y ventas). Generó una corriente de simpatía que multiplicó las propinas.

Como sociedad, ¿Cuanto gastamos en controles, auditorías, supervisión, normativas derivadas de una muy razonable desconfianza? Bastantes miles de millones de euros. Es difícil evitarlo. Hay mala gente. No nos conocemos.

En tu organización, quizás no tan grande, ¿Cuántos de esos controles derivados de la falta de confianza se podrían suprimir? ¿Cuánto dinero se ahorraría? ¿Cuánto tiempo se ganaría? ¿Cómo reaccionaría tu gente ante una muestra de confianza?

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