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Hace unos días hablaba con un amigo que combina en su trabajo creatividad y tecnología. Como creativo cuestiona las tradiciones (“Esto siempre se ha hecho así”). Como tecnólogo no acepta fácilmente que no se pueda hacer. Como padre soltero está hasta las narices de poner lavadoras. Mi amigo está pensando seriamente ponerse a la tarea de crear la ropa que se limpia sola.

Me parece un excelente ejemplo de una idea que compartimos en nuestro curso “Creatividad e innovación personal”.

En resumen, sostenemos que toda industria y toda organización (y toda persona) somete a sus clientes (externos o internos) a una cantidad de renuncias. Algunas de esas renuncias están tan incrustadas en las formas de hacer de la industria que los propios clientes y usuarios no son conscientes de hacerlas.

La identificación de las renuncias a las que sometes a tus clientes (o usuarios) es una fabulosa avenida para la innovación. Si los usuarios son como mi amigo y ya son conscientes (En este caso exasperadamente consciente) de su renuncia, el innovador que les libere tendrá fácil comercializar su innovación. Si los usuarios no son conscientes la comercialización será un poco más ardua, pero el innovador se encontrará, por un buen tiempo, en la cima del mundo. Steve Jobs era un maestro en descubrir renuncias de las que los usuarios de su industria (sus industrias) no eran conscientes. Por ejemplo, la renuncia  a que aparatitos que nos acompañan todo el día sean bellos y amistosos.

Consejo del día: Haz una lista de las renuncias a las que la forma en que concibes y realizas tu trabajo obliga a tus clientes, colegas, jefes, etc. Puede que ahí haya una mina de innovación que te lleve a ser un profesional mejor.

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